El poema, en la medida en que es, en efecto, una forma de aparición del lenguaje, y por lo tanto de esencia dialógica, puede ser una botella al mar, abandonada a la esperanza –tantas veces frágil, por supuesto- de que cualquier día, en alguna parte, pueda ser recogida en una playa, en la playa del corazón tal vez. Los poemas, en ese sentido, están en camino: se dirigen a algo. ¿Hacia qué? Hacia algún lugar abierto que invocar, que ocupar, hacia un tú invocable, hacia una realidad que invoca.
Paul Celam
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