En el transcurso de la jornada la cuota de misterio fue creciendo. A la noche, después del fútbol, antes de acostarme, abrí el libro al azar y leí esto:

Ensayo de lamento individual
observando la indiferencia de este atardecer
sin duda hermoso pero demasiado impersonal para mi,
las cara solitaria se me entristeció
y nadie tuvo la culpa.
Y no tuve valor para salir
y gritar a cualquier parte: aquí estoy yo!
tengo un nombre, un apellido, un domicilio!
quiero una oportunidad, un destino para mi exclusivamente!
Nadie habría acudido, por supuesto.
Total, hace muchos años que no me ahorco
y a nadie le llama la atención.
Mi tragedia es tan poco decisiva
- un síncope entre dos bostezos,
un cólico no resuelto en el vientre-
que si me comprara un revolver fracasaría.
De manera que antes de estar técnicamente muerto
mi ideal sería convertirme
en un perro rabioso suelto en la calle principal.
Algo se pondría en marcha a mi alrededor,
una mutación en la cosas por mi causa
y hasta el mismo atardecer
no desdeñaría mi persona como punto de referencia.
Joaquin O. Gianuzzi
Viene justo para la época ¿No?
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