A veces, en época de niebla, de confusión, de borrosidades. Quisiera que la vida se pareciera más al guión de una telenovela, ahí sabes siempre qué es trivial y qué es crucial en la historia de los personajes. Te lo indica la música, la propaganda, el final que se viene y, en las más ampulosas, la sobre actuación de, por ejemplo, una Andrea del Boca. Es más tranquilizador ¿No les parece?.
Si, definitivamente, esas novelas donde se descubre rápido y fácil quien es la niña rica abandonada y criada por la sirvienta que se enamora del hijo rico dueño de la casa que, después te enteras, era el verdadero hijo de la sirvienta. Esas novelas te hacen sentir bien, superior. Ahorrándote el misterio y la complejidad te dibujan demiurgo, demiurgo berreta, pero demiurgo al fin.
A veces es una cagada que el guionista de la vida no sea Alberto Migré.
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