
El detergente magistral ya no viene como antes. Cuando comencé a convivir en pareja uno de los aprendizajes cotidianos fue ese: la cantidad de platos -aproximada por supuesto- que se podían lavar con una botella pequeña de magistral. Detalles en los que de soltero na había reparado. El asunto es que ahora -esta es una conclusión basada en lavadas de platos de esta última semana- si, ahora, el magistral ya no viene como antes. En varios aspectos se le nota la berreteada: la textura de la espuma, su color, su consistencia. Hoy, cuando aprieto la esponja, ya nos es lo mismo. Y no es que sea un nostálgico de los que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero en este caso, la decadencia es, desde mi modesto punto de vista, indiscutible. Ustedes dirán ¿por qué no probas con "Ala" o con "Zorro"? Y quizá tengan razón, anoche en un capítulo de Lost a uno de los personajes le decían - Eres hombre leal y esa es una virtud respetable, pero no creo que seas de los que son leales hasta la estupidez.
Estoy llegando al límite, el mes que viene, cuando en domingo, camine, con el carrito, entre las góndolas, voy a pensarlo dos veces, cuando el brillo, engañoso, del un magistral, quiera atraparme. Entre las góndolas, no seré el mismo.
¿Querés más fútbol?
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